Autores:
José Alberto López Rafaschieri y Luis Alberto López Rafaschieri
www.morochos.org
Durante las primeras horas luego de ocurrido el sismo de 8,8 grados en Chile, el Canciller chileno pidió al mundo no enviar ayuda hasta que el gobierno determinara los daños; después, aparece la presidenta chilena declarando que están “evaluando si aceptan la ayuda internacional”. Con dicha postura, la clase dirigente chilena ha tenido el atrevimiento de perder valiosísimas horas de apoyo exterior en la atención de una crisis tan colosal.
Si uno recuerda la tragedia del huracán Katrina en los Estados Unidos, o el fatídico terremoto en L'Aquila -Italia-, encuentra que, desde el primer momento, estos países aceptaron ayuda y donaciones de la humanidad entera -aún cuando son de los más desarrollados del mundo-, lo que les permitió rescatar a más víctimas y ayudó a palear los efectos negativos de tales catástrofes.
Pero, ¿por qué mientras todavía hay gente tapiada, desaparecidos, miles de damnificados, heridos y muchas comunidades en ruinas, el gobierno chileno tarda en aceptar la ayuda extranjera ante semejante desastre? Ahí están los grupos internacionales de rescate y los recursos financieros del mundo entero haciéndose la misma pregunta.
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