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Luis Alberto López Rafaschieri y José Alberto López Rafaschieri
www.morochos.org
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Gracias al cabildeo de José Miguel Insulza, al chantaje antidemocrático de Hugo Chávez y a la actual tendencia izquierdista de varios gobiernos latinoamericanos, la Asamblea General de la OEA decidió, en la ciudad de San Pedro Sula -Honduras- levantar las sanciones que esta organización multilateral mantenía desde 1962 contra la terca dictadura cubana.
Decisión que podría ser interpretada como una conquista para la izquierda latina, ya que así Cuba necesitaría menos de la mediación de Chávez y facilitaría que los Castro abogaran por su dictatorial modelo político ante este organismo, aplicando directamente sobre los miembros de la OEA su característico estilo diplomático de sabotajes, intimidaciones y amenazas.
Con Cuba dentro de la OEA, el grupo de gobiernos ultra-izquierdistas amigos de Hugo Chávez adquiriría otro voto a su favor, y en la OEA los votos realmente cuentan. Además, desde el punto de vista mediático este hecho podría interpretarse como una victoria del izquierdismo radical latinoamericano, quien seguramente utilizará el suceso como un recurso adicional en su propaganda antiestadounidense.
Sin embargo, el hipotético retorno de Cuba a la OEA presentaría la enorme limitación de estar constantemente pendiendo de un hilo, porque es improbable que en el futuro haya siempre un bloque de países latinoamericanos dirigidos por socialistas radicales como ahora, y porque nadie sabe lo que puede venir cuando Insulza abandone el cargo en 2010.
Pero también los hermanos Castro están conscientes de que la reinserción de Cuba en la OEA podría producir en la isla efectos secundarios indeseados para los socialistas.
En este sentido, tal vez el mayor peligro que enfrentaría Cuba, si efectivamente se reintegrara a la OEA, sería la influencia internacional que recibiría de esta organización. Pues ha sido estudiado que las normas internacionales y los organismos multilaterales tienden, a la larga, a provocar cambios democráticos internos aún en la peor de las dictaduras (Ropp, 1999) y más cuando se trata de países pobres -como Cuba- que podrían conseguir ayuda internacional si se comportaran más civilizadamente.
Por esto no es casualidad que los países democráticos del mundo sean proclives a inscribirse en una gran cantidad de organismos multilaterales. Así como, por el contrario, los países con gobiernos autoritarios prefieran tener pocos, y débiles, vínculos con las organizaciones multinacionales.
De manera que con esta acción, los izquierdistas latinoamericanos, queriendo ayudar al régimen de los Castro, lo que en realidad pudieron haber hecho fue activar una nueva esperanza democrática totalmente desfavorable para el autocrático socialismo cubano.
Referencia bibliográfica:
- Ropp, Steve C. The power of human rights: International norms and domestic change, Cambridge: 1999, Cambridge University Press.
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