Autores:
Luis Alberto López Rafaschieri y José Alberto López Rafaschieri
www.morochos.org
En un artículo anterior habíamos hablado de la rareza política que ocurre en América Latina, según la cual, a pesar de que México y Brasil son los países más desarrollados de esta parte del mundo, su influencia política no se compara con la de la atrasada Cuba. Algo que es absolutamente ilógico, puesto que lo razonable es que los modelos políticos con mejores resultados despierten más admiración que los Estados fracasados.
Mas si en aquella oportunidad dijimos que nos parecía absurdo que el país menos avanzado influyera a los más desarrollados, en este ensayo tenemos que decir algo parecido pero con relación a España.
España es uno de los países más desarrollados del mundo, del que podemos elogiar muchas cosas: Su democracia -no su monarquía- su sistema jurídico, su educación, su economía y ni hablar de su cultura.
Sin embargo, pese al éxito de España como modelo político y a los infinitos lazos históricos que tiene ese país con Latinoamérica, el liderazgo latino ha ignorado el progreso español de los últimos veinte años, para seguir incoherentemente mirando a Cuba como el mejor ejemplo de logros sociales.
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