Autores:
José Alberto López Rafaschieri y Luis Alberto López Rafaschieri
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“La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.”
Art. 21. Declaración Universal de los Derechos Humanos.
En 1999 Hugo Chávez inició su actividad pública proclamando la llegada de una democracia de verdad, participativa y protagónica. Nos prometió una nueva era donde el pueblo sería el auténtico soberano, y donde nunca más los caudillos decidirían a dedo sin consultar al pueblo.
Sin embargo, en abril de 2009 la Asamblea Nacional de Venezuela, en componenda con el Presidente de la República, aprobó la Ley Especial Sobre la Organización y Régimen del Distrito Capital, creando un Jefe de Gobierno capitalino -una especia de gobernador- que usurpa competencias del Alcalde Mayor y que según el artículo 7 de la ley en cuestión será electo a dedo desde la Presidencia de la República, sin pasar por ninguna elección popular.
Con esta ley el chavismo le arrebata al pueblo de Caracas el derecho a expresarse y a elegir a su Jefe/a de Gobierno mediante el sufragio. Una acción que deroga el principio de participación ciudadana, deja sin legitimidad a la recientemente designada Jefa de Gobierno de la capital y nos regresa a las épocas más oscuras del pasado cuando los gobernadores se nombraban desde la Presidencia.
Chávez procede de esta manera violándole los derechos humanos a la gente porque los caraqueños cuando eligieron a la máxima autoridad de Caracas, en 2008, se decidieron por el político opositor Antonio Ledezma, lo que representó una verdadera bofetada electoral por parte de los habitantes del Distrito Capital contra la mal llamada revolución.
Por otro lado, si el Presidente está operando de esta forma tan antidemocrática nos está dando a entender que ya no confía en el pueblo de Caracas para futuras elecciones, por lo que él mismo se encargará de ahora en adelante de nombrar a la máxima autoridad del Distrito Capital sin importar lo que opinen los caraqueños.
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