Autores:
Luis Alberto López Rafaschieri y José Alberto López Rafaschieri
www.morochos.org
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La quiebra de cuatro bancos en Estados Unidos ha provocado que la izquierda radical internacional, y algunas personas que no saben de lo que hablan, hayan comenzado a decir que el libre mercado no funciona y que la democracia debe ser sustituida por el socialismo.
Por allí hemos visto a personajes como Teodoro Petkoff en Venezuela, afirmar que “Milton Friedman debe estar revolcándose en su tumba, porque el Estado tuvo que meterle la mano al mercado”. Como si las teorías del libre mercado propusieran la extinción del gobierno.
Después escuchamos a Cristina Kirchner afirmar que “la crisis financiera en Estados Unidos demuestra que el Consenso de Washington fracasó”. Como si las opresivas ideas de la izquierda radical, hubieran tenido mejores frutos que los modelos políticos que promueven la libertad del ser humano.
Y luego vimos a Hugo Chávez decir que “el capitalismo es el culpable de la crisis financiera de Estados Unidos” y “que el próximo presidente de Estados Unidos recibirá un buque hundiéndose”. ¡Qué diremos nosotros entonces de los logros del socialismo, el modelo político más desfavorable que ha conocido la humanidad en los pasados cien años!
Pero vayamos más allá de las palabras, estudiemos brevemente lo que sucede y nos daremos cuenta de la realidad.
Origen de la crisis
Durante los años 2001 y 2002, Estados Unidos estuvo al borde de la deflación. Esto obligó a la Reserva Federal a tomar la decisión de poner las tasas de interés en 1%, intentando estimular la economía.
En ese momento, las instituciones financieras de Estados Unidos tomaron prestados todos los millones de dólares que pudieron de la Reserva Federal, aprovechándose de la baja tasa de interés, y los esparcieron sobre el sistema crediticio de Estados Unidos, principalmente en el mercado de hipotecas.
Todo marchaba perfectamente y a los bancos les fue muy bien, ya que el negocio era simple: endeudarse al 1% y prestarlo al 5%.
Pero no sólo los bancos intentaron aprovecharse de los bajos intereses. Al igual que las instituciones financieras, muchos compradores de clase media pidieron créditos a los bancos para adquirir casas y tomar ventaja del dinero barato.
Lamentablemente la felicidad no les duró mucho. Luego vinieron los años de gran prosperidad económica, de 2003 a 2006, y la Reserva Federal normalizó las tasas de interés, ubicándolas por encima de 5%.
Esto significó que quienes se habían endeudado excesivamente, debían pagar ahora 400% más en intereses que antes. Como consecuencia, muchos deudores no pudieron pagar sus créditos, la morosidad aumentó a niveles históricos, a centenares de personas les fueron embargadas sus propiedades, los bancos ya no tenían modo de sacar dinero barato del FED, y las pérdidas alcanzaron a las instituciones financieras.
Un mercado en declive empeora las cosas
Para colmo de males, el mercado inmobiliario de Estados Unidos estaba abarrotado de propiedades embargadas, que estaban siendo rematadas por debajo de su precio natural.
Lo que significa que quienes logran vender reciben menos dinero del que pagaron. Además, se tarda mucho en cerrar los tratos, debido a la cantidad de ofertas disponibles que originan tantas personas con el mismo problema.
Y como la cantidad de afectados es masiva –deudores y bancos- el problema se transformó en crisis.
El gobierno interviene porque democracia no es anarquía
Ante semejante situación interviene el gobierno, porque es el responsable de garantizar la estabilidad económica en una nación democrática como Estados Unidos. Sin embargo, quienes tienen un concepto equivocado de lo que es el libre mercado –como Teodoro Petkoff- piensan que el concepto de “mano invisible” de Adam Smith procura un país donde los actores se desenvuelven sin impedimentos, ni ningún tipo de regulaciones.
Pero basta con observar las sociedades democráticas donde el libre mercado florece, para darnos cuenta de que son los países del planeta con más regulaciones al sector privado. Aclaramos que en la democracia, estas mayores regulaciones de las que hablamos, lo que buscan es que el sector privado se apegue al ordenamiento jurídico. Todo lo contrario de lo que ocurre en las naciones socialistas, donde las medidas gubernamentales sobre el ámbito privado intentan exterminarlo.
Fue en la democracia y en los países donde había libre mercado, donde nació el Estado de Derecho y las teorías jurídicas han alcanzado su máximo avance.
Aquellos que crean que el liberalismo propone una sociedad sin leyes y sin gobierno están equivocados. Eso no sería liberalismo sino anarquismo.
El libre mercado no puede existir sin la supervisión del gobierno. Por lo tanto, la intervención del gobierno de Estados Unidos para asistir a los deudores y bancos en problemas, es una medida gubernamental que cabe perfectamente dentro de los paradigmas del libre mercado, porque la democracia implica la existencia de un gobierno soberano, comprometido a hacer todo lo necesario para favorecer a sus ciudadanos.
Transparencia democrática
Por cierto, durante esta crisis hemos podido observar una de las mayores diferencias que tiene el modelo democrático frente a los modelos socialistas y dictatoriales.
Vemos la aceptación del gobierno de Estados Unidos del problema y la libertad con la que se difunden noticias en los medios de comunicación, incluyendo críticas y opiniones contrarias que informan al público.
En cambio, si esta crisis ocurriera en países como Cuba o Venezuela, el gobierno daría ruedas de prensa negando rotundamente la existencia de un problema financiero. Los periodistas que difundieran la información verdadera serían encarcelados y los medios de comunicación independientes serían acusados de conspiradores.
Asimismo, ningún funcionario gubernamental en Cuba o Venezuela intentaría solucionar nada, porque no se podría pretender resolver lo que para ellos no existe. De modo que las cosas empeorarían descontroladamente, como siempre ocurre en los gobiernos dictatoriales enemigos de la transparencia.
Esta crisis no muestra nada nuevo
Pero volviendo a Estados Unidos, la actual crisis financiera no representa nada nuevo para las sociedades democráticas. Como ejemplo recordemos el riesgo de deflación en Estados Unidos durante los años 2001 y 2002. Una crisis parecida a la actual, que provocó enormes caídas en los índices bursátiles y también aniquiló a empresas gigantescas como Enron y Adelphia.
En aquel momento, los enemigos de la libertad también elevaron sus voces para decir los mismos argumentos que esgrimen ahora: que el libre mercado no servía y que la democracia debía ser sustituida por el socialismo.
En eso llegó 2003, las economías se recuperaron y la democracia demostró una vez más tener mejores resultados que el pensamiento izquierdista.
¿Es éste el fin de Estados Unidos?
Hasta ahora, no ha existido poder humano capaz de cuestionar al tiempo. Por ende, debemos asumir que el reinado de Estados Unidos algún día será superado. Pero lamentablemente para quienes esperan el derrumbe de los yanquis, por los momentos tenemos que reconocer que Estados Unidos continúa siendo la primera potencia indiscutible del mundo, sin contrincante que se les acerque.
Económicamente, consideremos que el 70% de los ahorros del mundo están denominados en dólares, en billetes con las caras de los próceres estadounidenses. Además, para que tengamos una idea de su magnitud, la economía de Estados Unidos es equivalente a la de toda la Unión Europea junta. Y es la economía más competitiva e innovadora del planeta.
No obstante, para quienes todavía crean que la economía de Estados Unidos quebró, o que la democracia ha llegado a su fin, les presentamos como añadidura una gráfica bastante elocuente.
Aquí tienen los registros históricos del índice industrial Dow Jones desde el año 1900 hasta el presente. Fijémonos que la caída actual, es simplemente un rasguño en el meteórico ascenso que la economía de Estados Unidos ha experimentado durante los pasados cien años.
¡Olvídense de las fantasías izquierdistas! La democracia y el libre mercado continúan siendo irrefutablemente superiores al socialismo y a las ideas de izquierda.
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