Autores:
Luis Alberto López Rafaschieri y José Alberto López Rafaschieri
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Después de hacer todos los intentos que pudo por mantenerse mandando hasta su muerte, el dictador cubano que estuvo por más de 48 años aferrado al poder ejecutivo de Cuba, “decidió” retirarse de la Presidencia y de la Comandancia de la revolución comunista.
Pero escribimos “decidió”, entrecomillado, porque con este artículo queremos aclarar algunos aspectos de la política cubana que son desconocidos por muchos analistas y el público en general.
¿Cedió el poder o lo están apartando?
La versión oficial del gobierno de La Habana es que Fidel Castro, por problemas de salud y de edad, ha decidido ceder su lugar a los liderazgos emergentes. Sin embargo, si algo nos ha enseñado el régimen castrista, es que sus comunicados están plagados de mentiras que buscan cerrar todo acceso a la información real de la política cubana.
En todo sistema político, sea democrático o comunista, existen facciones a favor y en contra del Estado General de las Cosas -término que describe la actual circunstancia política de una nación-.
Pero, dentro de los que apoyan o se oponen al régimen, también coexisten facciones encontradas que sostienen posturas moderadas o radicales.
En este sentido, el castro comunismo no es la excepción, y lo que aquí queremos hacer público es que el pase a retiro de Fidel Castro puede estar empujado por una inmensa presión de parte de las fuerzas moderadas que operan dentro de la dirección nacional del partido comunista cubano.
Estas fuerzas moderadas –o conciliadoras- tuvieron que soportar 49 largos años de radicalismo, pero desde la caída de la Unión Soviética comenzaron a ver una luz al final del túnel. Cuando Castro comenzó a tener graves problemas de salud, ese rayo de luz empezó a convertirse en lámpara y las fuerzas moderadas iniciaron su labor de presionar por un cambio de rumbo.
Por lo tanto, suponemos que el propio hermano de Fidel, Raúl Castro, ha observado que hoy las fuerzas moderadas rebasan a las radicales que piden más revolución comunista, así que se ha cuadrado con los conciliadores para desmontar el viejo sistema que tanto sufrimiento ha traído a los cubanos.
No es de extrañar que Raúl, noche a noche, haya visitado al convaleciente Fidel en su morada para sugerirle que se tome las cosas con calma y considere retirarse paulatinamente del tapete público. Y que los subordinados del comandante vengan desde el año pasado tratando de desplazar sutilmente a Fidel de la toma de decisiones nacionales.
Sin duda alguna, este retiro de Fidel Castro está motivado no sólo a sus graves problemas de salud, sino también a las demandas internas que los políticos cubanos y los mandos militares han presentado ante el debilitado liderazgo castrista.
Las cosas van a cambiar
Siendo así, mientras más espacio vayan conquistando los moderados en la política nacional cubana, más acuerdos y puentes se tenderán entre ellos y los opositores al régimen, lo que impulsará la creación de una nueva Cuba, en donde cada vez más ideologías y partidos políticos hagan vida política.
Ya hemos percibido cómo con Raúl Castro se ha abierto el debate en diversos problemas de interés público, y cómo hay un poco más de espacio para el cuestionamiento de la gestión gubernamental. Esto no quiere decir en modo alguno que Raúl Castro se haya vuelto un gobernante democrático o mejor, al contrario, sigue siendo el mismo verdugo cruel que siempre fue para los cubanos. Sencillamente, todos los cambios que está adelantando el gobierno de Raúl Castro están inspirados en su sentido de supervivencia, ya que ni siquiera un hermano de Fidel Castro puede contener el malestar general y la presión que todos los sectores cubanos están ejerciendo sobre quienes toman decisiones.
Hemos sabido inclusive de representantes del gobierno de Raúl Castro que están en negociaciones con los candidatos favoritos a ganar la presidencia en Estados Unidos, ofreciéndoles desmontar progresivamente el castrismo para avanzar hacia una sociedad más abierta, a cambio de ayudas económicas y el ablandamiento del embargo a Cuba.
Muchos espectadores se confunden al no ver cambios radicales en Cuba, pero estamos seguros de que los cambios se están produciendo al estilo del partido comunista chino, es decir, se están reconfigurando lentamente las políticas gubernamentales hasta alcanzar todas las modificaciones necesarias que favorezcan una sociedad más libre –lo que incluye la expulsión definitiva de los Castro del poder-
Al final del camino Fidel Castro se está quedando sólo, su propia gente lo está abandonando en su vejez, por su enfermedad e ineficiencia. Una situación que debe servir de ejemplo para aquellos aprendices de dictadores que ignoran la realidad de que en política nada es eterno, hoy se puede estar arriba y mañana abajo sin garantía de nada.
Por eso quienes gobiernan deben preferir obrar el bien y retirarse cuando es el tiempo, en lugar de seguir el modelo de Castro, quien por haber obrado el mal y por su egoísmo de aferrarse al poder sin importarle los padecimientos del pueblo, pasará a la historia como uno de los gobernantes más sanguinarios y corruptos de toda la historia de América Latina.
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