Autores:
José Alberto López Rafaschieri y Luis Alberto López Rafaschieri
www.morochos.org
Algunos gobiernos implementan instrumentos de guerra en contra de la población civil con el objeto de infundir terror y ganar obediencia. Una de estas herramientas bélicas es la guerra psicológica, cuyo uso contra la población civil, en tiempos de paz o de guerra, está sancionado por los tratados internacionales.
La guerra psicológica es diferente a la propaganda y los demás recursos políticos empleados en las campañas y luchas democráticas. La guerra psicológica está basada fundamentalmente en infundir miedo sobre los adversarios con el fin de someterlos sin llegar a disparar las armas.
La intimidación puede hacerse con cualquier armamento, siempre y cuando se produzca un sentimiento de terror en el enemigo con tan sólo ser amenazado.
Aquí pretendemos mencionar de manera sencilla el tema. Nuestro propósito en este artículo es ilustrar a la población en general acerca de una de las herramientas utilizadas por los gobiernos autoritarios y contribuir a crear conciencia democrática.
A continuación mencionamos algunas herramientas de terrorismo gubernamental:
Exhibición de armamento:
Entre las estrategias de guerra psicológica figura el sobrevuelo continuo de aviones y helicópteros de combate sobre ciudades con grandes poblaciones.
Estas aeronaves normalmente pasarían por el cielo y serían imperceptibles, están diseñadas para el sigilo, pero cuando son utilizadas para amedrentar, se pasean una y otra vez con vuelos al ras sobre las ciudades y aceleran estrepitosamente en pleno centro urbano, para hacer descargas espectaculares de ruidos tremendos que demuestran poder y provocan temor.
Otra de las variantes de esta artimaña es sacar tanques, tanquetas y otros vehículos pesados del ejército para estacionarlos en plazas o autopistas. No hay razón por la que los civiles tengan que vivir con ruidosos aviones de combate sobrevolándolos y vehículos militares pesados exhibiéndose en lugares públicos, salvo que el escenario sea una guerra. En la antigua Roma, un gobernante llamado Publicola prohibió entrar con armas en alto a la ciudad porque esto intimidaba a los ciudadanos. Desde entonces, es mucho lo que han avanzado las sociedades en proteger a los ciudadanos de este tipo de terrorismo.
El sobrevuelo de helicópteros, con personal armado, sobre marchas o concentraciones de grupos demócratas, constituye de igual forma un instrumento de intimidación, que persigue dar la sensación de control y supervisión.
Abuso de los medios de comunicación:
Otra estrategia consiste en colocar periodistas o partidarios en los medios de comunicación oficiales para descalificar, insultar, difamar, acusar, amenazar y ridiculizar a todo el que no se ajuste a los lineamientos del dictador.
Con ello se busca censurar a personajes específicos de la oposición. Se viola la ley repetidamente, se injuria a diestra y siniestra sin ningún impedimento y sin consecuencias debido a la complicidad de los organismos de justicia, quienes están sometidos a la voluntad del autócrata.
El uso de constantes interrupciones de la programación de radio y televisión para unificar la señal y transmitir los mensajes del autócrata o de sus colaboradores fue una táctica ideada por los soviéticos y los nazis. Con ella se pretende, en primer lugar, aplicar dosis periódicas del llamado “lavado cerebral” para que todos vean el mundo como lo ve el dictador. También se intenta con esta táctica enviar un mensaje de control sobre lo que se ve y hacer que los civiles sientan vulnerada su privacidad y capacidad de decisión.
Zonas de seguridad:
El establecimiento de zonas de seguridad en tiempos de paz y otorgamiento de estrictos permisos para ejercer el derecho a la protesta busca acostumbrar a los civiles disidentes a “pedir permiso” para actuar y acondiciona a la población para inculcarles que las cosas se hacen como, cuando y donde quiere el opresor. Las zonas de seguridad y los severos permisos para el control de concentraciones fueron típicos en la época del muro de Berlín y en las dictaduras del siglo XX, especialmente en Corea del Norte.
El otorgamiento de permisos se combina con la desinformación, cambiando de un momento a otro la fecha y el lugar de la concentración, para producir confusión y sorpresa en el adversario, de tal forma que no participe en las protestas.
Clasificación de los disidentes:
Tal vez el peor y más cruel de todos los métodos. Se crean listas, archivos, fotografías, grabaciones y todo tipo de expedientes que permitan identificar a quienes son percibidos como amenazas. Con estos archivos se excluirá a cada disidente de los beneficios de ser ciudadano y se provocará la autocensura de quienes están pensando expresar su descontento.
De ejemplos está llena la historia, los nazis tatuaron seriales en los brazos de los judíos y colocaron estrellas en sus ropas, casas y comercios para tenerlos identificados. En
Violación de la privacidad:
El ser humano, con el sólo hecho de dudar si alguien puede estar vigilándolo inhibe su conducta. En la guerra psicológica se explota esta realidad, para dar la sensación a los ciudadanos de que todo lo que ellos hacen lo sabe el gobernante. Por ello se hace saber intencionalmente a los opositores, a través de los medios de información, que su correspondencia y llamadas telefónicas están siendo intervenidas, que sus actividades están siendo filmadas, fotografiadas, registradas y sus nombres incluidos en listas. Todos estos crímenes se cometen bajo la mirada complaciente de los organismos encargados de hacer justicia.
Adoctrinamiento del odio:
Una de las preferidas por los comunistas. Se tapizan las ciudades de carteles gigantes con fotos del usurpador, se distribuyen los mandamientos del gobierno, se crean círculos comunitarios que difundan los preceptos del partido, se coloca personal del gobierno en escuelas, universidades e iglesias para garantizar que profesores, autoridades educativas y eclesiásticas se rijan por las directrices del opresor. Se utilizan niños en actos políticos para dar testimonio de la “santidad” del dictador y de su proyecto político. Finalmente, se fomenta a que toda idea o persona, fuera de la doctrina enseñada, sea odiada, perseguida y destruida.
Deshumanización:
Esto consiste en despojar al opositor de su condición de ser humano. Inicia sustituyendo el nombre propio de los adversarios por epítetos descalificativos. Usted ya no es usted, ahora es un oposicionista, un periodista ahora es un terrorista, un dirigente de oposición es un espía internacional vende patria, un dueño de medios de comunicación es un golpista, un sacerdote es un diablo vestido de sotana, un estudiante es un ricachón descontento, un ama de casa disidente es una oligarca, un sindicalista es un conspirador y así por el estilo. La idea de este acto criminal es llegar al punto de no aceptar la existencia del otro.
Por lo general, la guerra psicológica se utiliza en contra de ejércitos enemigos buscando provocar miedo. Increíblemente, algunos gobiernos inmorales utilizan este recurso bélico en contra de su propio pueblo, lo que consideramos uno de los salvajismos más característicos de las dictaduras. Gobernar un país no es lo mismo que pelear una guerra. Un gobernante que administre este tipo de opresiones es un individuo sin escrúpulos que merece ser castigado con todo el peso de la ley, ya que esto es emplear tácticas de guerra en contra de civiles desarmados e inocentes.
El objeto de la guerra psicológica es enviar a los opositores mensajes ulteriores, que aunque son recibidos de diferentes formas conscientemente, en el inconsciente se interpretan más o menos así: “Yo sé todo lo que haces y estoy armado con herramientas de alto poder destructivo, las cuales voy a utilizar en tu contra si no me obedeces. Yo te controlo, tú no eres nada frente a mi”. Esto es violencia y usar armas de guerra con fines criminales.
Estas prácticas son consideradas en los países desarrollados como acciones inmorales, ilegales y exageradas de los gobiernos para imponerse sobre la población. De hecho, en países como Estados Unidos los organismos de defensa del Estado tienen expresamente prohibido por la ley utilizar estrategias de guerra psicológica en contra de la población civil, porque se sabe de sus nefastas consecuencias y se entiende que es una práctica antidemocrática.
Estas continuas agresiones a la mente tienen un alto impacto psicológico, capaz de causar problemas o desórdenes psiquiátricos de por vida en quienes las padecen. Según estudios recientes (de Jong, Scholte, Koeter, y Hart, 2000), las personas que han sido víctimas de estas estrategias de guerra psicológica son mucho más propensas a sufrir de Depresión y Desorden de Stress Post Traumático, a vivir menos, a ser pesimistas y a sufrir más de enfermedades graves.
Aquellos políticos que estén desesperados por retener el cargo, deben saber que en democracia es obligatorio alternar el poder. Además, existen formas lícitas y democráticas de recuperar el apoyo popular. Pero, utilizar armas de guerra contra el pueblo es la vía más segura para que un gobernante termine exilado, víctima del odio que originó, o sentenciado por la historia y la justicia por haber cometido crímenes contra la humanidad.
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